Adoro a mis hijas. De verdad. Solo hay una cosa que no soporto: los chillidos y gemidos asi como de queja. No me importan los berridos, gritos, sollozos. No hay problema, no importa que tantos decibeles alcancen. Lo que me molesta verdaderamente son los chillidos. Y en eso, mi hija mayor se esta convirtiendo en una experta. Casualidad?
Lo bueno es que no pasa tan seguido, sino que es por rachas. De pronto le da una semanita de chilletear (verbo aprobado por nuestra real academia personal) donde cada ocasion es buena para echar sus gemiditos insoportables: la comida, la vestida de la maniana, el frio, el calor, el suéter, el abrigo... Aunque ahora caigo en algo: esas semanitas son aquellas en las que nosotros, los adultos, estamos tambien insoportables. La unica que no se enrolla es la Noqui, que sigue haciendo sus caras de mosquita muerta despues de que apaga la calefaccion y echando sus gritos de loca. Cada quien lo exterioriza como puede, supongo.
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