Ah, un buen fin de semana! No hicimos nada en particular, sino lo que hacemos todos los fines de semana aqui en Paris. Desayuno rico (con pan hecho en casa, con todo y que mi suegra siga sin entender porqué no compro pan, "tan bueno que es el pan en Francia, qué necesidad de hacerlo?"), luego siesta de mamá mientras que el padre indigno cedió y les puso una caricatura (el domingo, el sábado se sopló como 40 libros que leerles en voz alta) y después de comer, cuando las neuronas parentales ya habian empezado a funcionar, salimos de paseo.

Primero al parque (pero a otro, no al que vamos todos los dias, si no qué chiste),donde encontramos amigos que hace mucho no veíamos (nuestros ex-vecinos). Ñoqui de todas todas quería subirse al patin de su hermana, demasiado grande para ella (pero ella aún no lo sabe).
El Bicho se la pasó haciendo bolas de arena, según la tecnica milenaria transmitida por su papá. Lo mejor es cuando se las lanzan, para comprobar su resistencia. Algunas resisten, las otras terminan en el pelo de la víctima.
Luego fuimos a comprar el consabido helado dominical, lo cual me encanta porque he logrado convertir a mis hijas en verdaderas comedoras de helado, y eso hace honor a la familia!
Finalmente, terminamos dando vueltas en el carroussel (bueno, los grandes nomas las veíamos dar vueltas, como moscas en un bocal). Finalmente, regreso a la casa para la rutina baño-cena-libro-dormir como todos los días. Como diría el perro del cuento: Qué vida!
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