
Después del largo viaje, una escala para comprar una camisa limpia (por aquello del vómito) y una pasadita enfrente de mi magnolia favorita y del radar de vaca (frente a mi antigua escuela), llegamos a Crassier, pueblo pelón de 5 vacas y doscientos expatriados en Suiza. Asi, dos niñas y un par de gemelos despues, nos encontramos Georg y yo un poco como antes: platicamos y platicamos mientras cambiabamos, dabamos de comer, consolabamos, llevabamos al parque, etc... y finalmente, lo unico que nos permitió concentrarnos un poquito, fue la televisión...
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